La justicia determinó la detención preventiva en Palmasola de Wálter Ruperto Monasterio, quien relató fríamente el cuádruple crimen. La fiscal propuso la pena máxima en un procedimiento abreviado, pero el abogado defensor se opuso

En una audiencia de medidas cautelares, realizada en una sala del hospital San Juan de Dios, la jueza Ruth Guerra dictó la detención preventiva de Wálter Ruperto Monasterio Villarroel (46) en la cárcel de Palmasola dentro del proceso que el Ministerio Público le sigue por el asesinato de sus dos hijos biológicos y dos niñas que eran sus entenadas.

El procesado, que está convaleciendo de lesiones que se provocó al intentar quitarse la vida, fue imputado por la fiscal Dalcy Justiniano por los delitos de infanticidio y feminicidios, ambos con penas privativas de libertad de 30 años, aunque no acumulativas, como lo prescribe el sistema penal boliviano.

En la audiencia, que empezó alrededor de las 15:30, estuvieron presentes la madre de las víctimas, representantes de Derechos Humanos y del Ministerio de Justicia, policías de la Felcc y agentes del Comando para garantizar la seguridad del acto, al que se vetó a la prensa.

Todos oyeron el relato frío del homicida que en ningún momento dio signos de arrepentimiento. Desde su cama, vistiendo una bata hospitalaria a cuadros y cubierto medio cuerpo con una sábana, describió con lujo de detalles su macabro plan, dejando estupefactos a muchos de los presentes.

Planificó todo

Monasterio relató en audiencia que el día 30 de agosto fue al mercado Los Pozos a vender una máquina de tapizar y una para hacer empanadas; luego se dirigió a su iglesia, por la avenida Cañoto a pedir perdón por lo que iba a hacer, después compró pescado en el mercado Florida, volvió a Los Pozos a comprar sobres de raticida y volvió a su casa, en el barrio Aqualand de Valle Sánchez.

En el domicilio, vertió veneno en una gaseosa y en el pescado cocinado para el mediodía; los chicos comieron, pero les hizo poco efecto, por lo que procedió a matar con cuchillo a Adriana (9), a Matías (5) y Santiago (3) cuando Briana (15) se estaba duchando para irse al colegio.

Luego, esperó que la chica entrara a su cuarto y la atacó con el cuchillo. La adolescente opuso resistencia, pero no pudo con la fuerza física de su agresor. Posteriormente, filmó los cadáveres que acomodó en dos camas y en el video relató por qué había tomado esa decisión.

“Todos quedamos consternados en la audiencia al escucharlo. No mostró ningún arrepentimiento”, indicó Carla Jaldín, abogada de la madre de los menores.

“Adujo que la principal causa era porque la madre le iba a quitar a los niños. Este es un hecho planificado y no ha demostrado remordimiento, se ve que fue una venganza”, dijo Carlos Galvis, abogado de Derechos Humanos.


Guadalupe (derecha) madre de las víctimas, a la salida del hospital (Foto: El Deber)

Defensor evitó sentencia

La fiscal Justiniano señaló que ante la jueza expuso los fundamentos de la imputación formal contra el procesado por los delitos de infanticidio y feminicidio y exhibió los indicios que hacen presumir que es con probabilidad el autor del hecho de sangre, como el arma punzocortante, ropa ensangrentada y otros elementos, como la declaración en la que admite el crimen.

Con todas esas evidencias, la representante del Ministerio Público propuso a las partes del proceso que Monasterio sea sentenciado a 30 años de cárcel en un procedimiento abreviado. El homicida estuvo de acuerdo; sin embargo, su abogado defensor lo impidió, según la fiscal Dalcy Justiniano.

Con la negativa, a la jueza no le quedó más alternativa que la detención preventiva de Wálter, que irá a Palmasola cuando los médicos le den de alta.

Guadalupe Avelo salió insatisfecha y apurada de la audiencia, pues tenía que estar presente en el entierro de sus hijos, que se pospuso por el acto procesal.

El Deber digital