Insistamos con el turismo, es una solución


Se define coloquialmente el turismo, como la posibilidad de llegar a un sitio en el que hay un lugar dónde dormir, dónde comer, y encontramos alguien que nos cuente una historia. Mejor si es cierta.

Una de las ventajas que tiene el turismo es que produce los dos excedentes que permiten la sostenibilidad de un emprendimiento. Genera excedente económico que mejora la vida de quien lo desarrolla como actividad comercial, y fortalece el excedente simbólico, el que incorpora el duende, la magia del territorio con un espíritu que establece la diferencia. A través del excedente simbólico se identifica el lugar donde se está; comer y dormir es una exigencia genérica que tiene condiciones internacionales; qué existe en el territorio es donde se establece la novedad y la exploración de los sentidos.

El turismo está cada vez más informado y es más exigente. La explosión de las redes da una aproximación con detalle de a dónde voy y que encontraré. La búsqueda del destino de 1.500 millones de turistas al año, se encuentra en planes y ofertas en la mayoría de las veces, sobre espacios comunes y reiterados. Donde acaban los destinos de mayor oferta, es donde empieza la aventura y el reto. Será difícil competir con las pirámides de Egipto o los canales de Venecia. Pero a la hora de la innovación, la sorpresa y lo auténtico, podemos llegar a tener ventajas si sabemos aprovecharlas.

Convengamos que en torno al turismo existen tres condiciones básicas.

La primera tiene que ver con la autoestima colectiva. Quien ofrece un destino es porque supone que tiene algo que vale la pena compartir, que puesto en valor y asumido como algo positivo, permite mostrar la diferencia en calidad y presentación. Un paisaje, una comida, una devoción religiosa, el clima, la ocupación del tiempo, se convierten en el motivo por el que estoy convencido, poseo algo que me enorgullece.

La segunda condición se relaciona con el otro. Estoy invitando a un distinto a que me visite, venga a mi casa, viva un tiempo conmigo. Esta es la calidad del destino y del trato, fundamental en su componente de tolerancia cultural hasta la excelencia en el servicio. Se trata de prodigar al visitante el trato que se merece y que por ello se vea motivado a quedarse más tiempo y quiera regresar. No invito a mi casa a nadie para tratarlo mal y este aspecto es el que ahora se califica a través de las redes y plataformas que ofrecen paquetes y destinos.

Y finalmente, el turismo es la cadena productiva de más amplia base en materia de servicios y de actores involucrados. Todos terminamos siendo parte de esta cadena al brindar una información a quien la pregunta, o utiliza o consume aquello que estamos produciendo.

Esta acción integrada requiere un compromiso colectivo de condiciones muy duras. La cadena se rompe por el eslabón más débil y debemos tenerlo presente a la hora de incorporarnos al reto de ser parte competitiva en este mundo tan provocador. La medida de las exigencias no son nuestras capacidades sino las condiciones impuestas por la expectativa de un viajero que está buscando excelencia, y el mercado a la hora de calificar servicios y destinos. Por eso quizá la respuesta resulta obvia cuando nos preguntamos ¿y cuánto de esos 1.500 millones de turistas, llegan hasta nuestro rancho? O, ¿qué estoy haciendo para que vengan?

Creemos que tenemos posibilidades turísticas y ese es el primer paso, estamos convencidos que tenemos algo que mostrar y creemos que podemos relacionarnos civilizada y decorosamente, primero con nosotros mismos y luego con las visitas. Si esto es así, podemos empezar a organizarnos colectivamente.

El momento electoral, es un buen momento.

Carlos Hugo Molina – Analista