Rancho El Ñato, parte del municipio de Santa Victoria del Este, es uno de los lugares más pobres de Salta, la provincia donde siete niños murieron desnutridos en enero. En esta zona de la frontera con Paraguay y Bolivia, aseguran que el hambre es dolorosa.

El cacique Camilo Ceballos (48) habló al respecto: “Este tema es una mierda. Es difícil comentar algo, pero hubo falta de atención. No es por echar culpas, pero cuando hay un chico o un grande enfermos, no le dan importancia. Recién cuando está muy mal le dan importancia, cuando el chico ya no da más. A Aldo se lo llevaron y al otro día falleció”, expresó en diálogo con Infobae.

Lo peor es que no hay buena convivencia entre los wichis y el hospital, además de las pésimas condiciones en las que se encuentra la Salud.

De hecho, en ese hospital hay dos salas con bebés al borde de la desnutrición. Nihuel Oseías Ailan suma un año y cinco meses. “Tiene los ojos hundidos y los pómulos le sobresalen. Está tirado en una cama conectado a una botella de suero. No hay aire acondicionado ni ventilador para él. Sus papás, Rocío Vaca y Alexis Ailan lo acompañan”, relata una nota de Infobae. Y agregan: S”u peso actual es de 9.200 kilogramos, cuando debería estar por los 12. En octubre del año pasado pesaba 10″. 

También se encuentra Ana María Elena, de un año. Pesa 9,200 kilogramos, uno y medio menos que el 24 de septiembre, cuando la controlaron. Su mamá, Lena Pérez, tiene 21. Le da el pecho acurrucada junto a la nena. En la misma habitación hay dos adultos. Debajo de la cama, descansa un perro. Ana María y Lena son de Pozo del Tigre, donde “hay cinco desnutridos más”, según cuenta al mismo medio. 

En muchas de las comunidades wichis, en Rancho El Ñato el agua no es un problema. La Fundación que creó el Chaqueño Palavecino bregó para que la comunidad tenga un pozo y una bomba, una serie de mangueras completa la operación. También la luz, que llega a través de un tendido de 17 kilómetros, se consiguió por intermedio del Chaqueño. 

Lo que escasea, dicen, es la comida. La escuela les da de almorzar a los chicos, pero durante el verano no trabaja. Antonia, por ejemplo, tiene que esperar que vuelva su marido, que se va durante días a la cosecha, para tener algo de plata y comprar azuquita y harina. “Hoy lo único que podemos comer es una tortilla”, indica.

Y el cacique completa: “La gente vive de la pensión que cobra y nada más, pero esa plata se acaba rápido. Y cada mes llega un bolsón de comida, pero sólo para los que tienen hijos menores de seis años”

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