TRAS LOS PASOS DE EVO


Con la cantaleta que es la justicia quien decide a quien procesa o no sobre el supuesto caso golpe, el Gobierno de Arce se prepara para arremeter en contra de la oposición que hizo correr a Evo Morales y reencamino la democracia tras los días luctuosos de noviembre de 2019. Los azules están muy dolidos por que las plataformas y sectores sociales cansados de la corrupción y el fraude decidieron paralizar el país con pititas y librar al país de una sarta de zánganos y ladrones. La Unión Europea, la OEA, la iglesia católica, Camacho, Tuto, Carlos Mesa, Doria Medina y otros sectores buscaron caminos democráticos para la sucesión del mandato presidencial. Todo estaba en contra del proyecto masista y por ello, escapo el líder cocalero.

Llego octubre y nos trae a la memoria muchos episodios de sangre y dolor espoleado siempre por la angurria de poder de los políticos de turno. Este jueves si la justicia azul determina detener al Gobernador Luis Fernando Camacho y a otros 17 encausados, el país podría volver a nuevos enfrentamientos y a una espiral de violencia que seguramente el MAS ya tiene medido y planificado para evitar que no suceda una supuesta nueva intentona de golpe. Arce precisa atizar un nuevo descontento social que sirva de pretexto para asegurar que se lo quiere tumbar y no permitirle alcanzar la reactivación económica. Como sabe que no podrá cumplir sus objetivos y promesas políticas, lucho necesita una excusa para no quedar como inepto y fracasado.

Arce está moviendo todas sus fichas para estar preparado a reprimir y detener a todo aquel que ose manifestarse contrario a la escalada de detenciones y persecuciones. Tiene nuevas leyes y nuevas cabezas del partido en la policía y FFAA. El terreno ya está marcado y el masismo cree tener todo a favor para prevalecer por la fuerza al mejor estilo madurista. Es una apuesta muy extrema la que pretende el MAS para los próximos meses, veremos si el pueblo lo permite o si la cúpula de Evo y sus 40 amigos, logra dar el paso final hacia la tiranía y la revolución del desastre.

Por: Richard Arispe, comunicador social y periodista