Un nuevo ciclo en la historia de Bolivia


Bolivia, en casi dos siglos de vida institucional, vivió diversos momentos políticos y económicos dominantes que en el curso de su historia fueron significativos. Estos periodos de poder transitaron por varias regiones del país, confirmando la idea de que el impulso dialéctico de la sociedad boliviana hay que buscarlo en el campo regional y no la lucha de clases (J.L. Roca. 2007).

En 1825, la influencia de las ricas minas del sur hizo que el centro político se asiente en Sucre y Potosí, bajo los designios de la oligarquía de la plata. Sin embargo, hacia finales del siglo XIX, el eje La Paz-Oruro fue cobrando importancia, convirtiéndose en un activo centro comercial y de intercambio con un fuerte peso demográfico. Por aquel tiempo, Chuquisaca contaba con 8 parlamentarios, mientras que 16 representantes conformaban la brigada paceña. El traspaso del poder hacia el norte a inicios del siglo XX fue traumático, tuvo que mediar una revolución sangrienta que de federal no tuvo nada, pero sí mucho de traiciones. De esta manera, La Paz, como nuevo centro hegemónico se convertía en sede de gobierno, liderada por la oligarquía del estaño y de la coca, que hizo de Bolivia un país andinocentrista. No por nada Santa Cruz tuvo hasta ahora sólo tres presidentes de la república desde su fundación (José Miguel de Velasco, German Busch y Hugo Banzer).

Con la implementación del plan Bohan (1941), la conquista del 11% de regalías y el arribo a su terruño de cientos de profesionales cruceños formados en el exterior, empezaba a emerger una próspera región asentada al este y sur del país, cuyo epicentro sería Santa Cruz, con su modelo de desarrollo exitoso. La incidencia de estos departamentos en el PIB nacional aumentó de casi el 5% por ciento a cerca del 50% en menos de medio siglo, liderando los mejores índices socio-económicos del país. Asimismo, hoy la población de Santa Cruz es la más numerosa de Bolivia, a pesar de contar con menos diputados que La Paz, una injusticia que ya fue denunciada. De este modo, el poder económico pero no político, se situaba en el sureste boliviano. En ese nuevo eje surgía una élite empresarial, fundamentalmente agroexportadora, financiera y de servicios.

Este viraje económico y político que tuvo el país, permite inferir que en el siglo XIX predominó el eje Sucre-Potosí, a La Paz y Oruro le correspondió el siglo XX, mientras que Santa Cruz se estrenó en este tercer milenio. Como ejemplos recientes tenemos la revolución de las “pititas alegres”, liderado por el movimiento cívico cruceño, la presencia de dos importantes candidatos del oriente, pugnando por la silla presidencial en los próximos comicios de 3 de mayo o el último Foro Económico de CAINCO, diseñando una hoja de ruta futura para Bolivia.

Con relación a las principales tendencias políticas e ideológicas, la permanencia de éstas en el poder osciló entre catorce y treinta y cinco años. Nos referimos a los conservadores (1880-1900), los liberales y republicanos (1900-1935), el nacionalismo revolucionario (1952-1985), el neoliberalismo o democracia pactada (1985-2005) y el socialismo del siglo XXI (2006-2019). Se supone que en 2020 se inicia un nuevo ciclo, rumbo al segundo centenario del nacimiento de Bolivia, henchido de libertad y esperanza.

En los albores de este nuevo periodo en la política boliviana, son varias las interrogantes que todo ciudadano se hace. Entre ellas: ¿queremos un estado dependiente de un modelo primario exportador o que promueva la diversificación productiva y desenvuelva una economía del conocimiento, invirtiendo más en emprendedurismo? ¿Para un desarrollo económico-social más equitativo y más seguro, se continuará con un gobierno centralizado, más autonómico o federal? ¿Se apoyará a quienes pretendan hacer de Bolivia un país tranca o de contactos? Estoy convencido que en las próximas elecciones nacionales, Bolivia votará de un modo racional por quienes aseguren democracia, honestidad y ejerzan una meritocracia en los cargo públicos para el mejor desempeño administrativo de un país, y dejar en la memoria un narcoestado corrupto, centralista y autoritario.

Carlos Dabdoub – Analista